Lo más difícil

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Una de las cosas más difíciles en el fútbol es conseguir que un equipo juegue de memoría. Insertar en los jugadores una serie de mecanismos que les permita conocerse a la perfección y poder jugar practicamente con los ojos cerrados. Son pocos los entrenadores que lo consiguen, pero una vez lo hacen, se consigue que tus jugadores rindan muy por encima de lo, a priori, esperado.


A Randers, una población de apenas 60.000 habitantes en la parte central de la peninsula de Jutlandia, aterrizó el británico Colin Todd en el verano de 2007 tras varios años entrenando en la Football League. Conocido defensa de los años 70, convirtió a hestene en un asiduo a la zona noble de la clasificación durante las dos temporadas que estuvo antes de volver a las islas a la par que el equipo cayó en el pozo de la segunda división. Donde apenas pasó un año, para volver a recurrir a Todd en su retorno a Superligaen.

Un bronce y una final copera - perdida frente al Esbjerg - hicieron que el idilio entre equipo y entrenador siguiese hasta esta temporada, dónde el preparador del condado de Durham ha logrado una de las cosas más dificiles del fútbol, que el RFC juegue de memoría.

No tiene grandes estrellas más allá de un Ishak que salió rebotado de Parma, pero en este primer tramo de competición ha sido el único equipo que ha dado muestras de solidez similares a la del enrachado Midtjylland, lo que le ha situado en la zona alta de la clasificación. Un equipo al que la experiencia de su defensa (casi 29 años de media), ha conseguido que le hagan poquisímas ocasiones y por tanto, que el internacional sueco Karl-Johan Johnsson sea el portero menos goleado. Aunque si hay un culpable de esa seguridad y sobre el que el equipo gira, ese es el capitán Christian Keller (1980). Un mediocentro que guarda a las mil maravillas la posición, mueve al equipo y esta sirviendo de profesor para su acompañante Nicolai Poulsen (1993), de caracteristicas similares, pero con toda una carrera por delante.

Junto a ellos, en los costados se han asentado Fisker y Bjarnason, que comenzó el año como pareja de Keller. Tanto Fisker como el islandés (que en la selección es lateral diestro) juegan a pierna cambiada, dejando espacio para las incorporaciones de los laterales, especialmente para Thomsen. Todo para surtir balones a una línea que a pesar de los altibajos del club siempre ha tenido buenos nombres. 

Por encima de todos destaca el sueco Mikael Ishak, que tras no triunfar ni en Alemania ni Italia, ha encontrado en el Randers el jugador por el que grandes clubes se pelearon cuando estaba en el Assyriska, equipo sueco de descendientes asirios, como el propio Ishak es. Allí, vuelve a sentirse importante, bajando a recibir, mostrando su buen juego de espaldas y sobre todo una calidad con la pelota que escasea en la zona.

Junto a él, otro sueco como Viktor Lundberg - el encargado de poner más velocidad al ataque - ha hecho olvidar rápidamente la marcha de Ronnie Schwartz (máximo goleador de la historia del club) al Guingamp, e incluso ha dejado como suplentes de lujo a Djiby Fall y Nicolai Brock-Madsen que perfectamente podrían ser titulares en la mayoría de equipos de Dinamarca. 

Así es una de las sorpresas agradables de la competición, que si mantiene a todas sus piezas para 2015 habrá conseguido recorrer mucho camino, porque el engranaje ya lo tiene construido, algo que gigantes como København o Brøndby quisieran para si.

2014. El año de sus vidas

viernes, 12 de diciembre de 2014

Corría el año 2003 cuando el dominio del Rosenborg pegaba sus últimos coletazos. Ya no estaban Rushfeldt o Carew, pero con Frode Johnsen y Harald Brattbakk en punta, los de Trondheim conseguían su séptimo doblete. Han tenido que pasar 11 años hasta que un equipo haya vuelto a demostrar una superioridad similar en Noruega, pero el Molde podrá decir que en 2014 hicieron historia.


Cuando el segundo día de 2014, el Cardiff City anunciaba a Ole Gunnar Solskjaer como nuevo manager, en Molde se cerraba la etapa más gloriosa de sus 103 años de historia. Un equipo que había conseguido las dos únicas ligas de su historia perdía a su creador a la par que a un buen puñado de piezas claves como Mats Möller Daehli o Jo Inge Berget, pero para sustituirlo se escogió a la persona ideal para darle continuidad al proyecto, Tor Ole Skurellud había hecho algo similar en la sub’21 noruega, terminando por conseguir el bronce en el Europeo de Israel.

Uno de los puntos a favor de Skurellud era su gran conocimiento de su nueva plantilla, ya que había tenido al núcleo en las selecciones inferiores noruegas, lo que le ayudó a que el equipo empezase a funcionar desde pronto, algo que Solskjaer no había logrado. 

Consiguió estabilizar a Nyland en la portería, siendo la temporada de mayor madurez – y menos errores- del cancerbero, que ha llegado a hacerse con el número 1 de Noruega. Y es que lo más destacable del Molde en 2014 ha sido la solidez defensiva, que ha logrado que todo su aparato defensivo sea convocado por el combinado nacional. La recuperación del mejor Forren estuvo acompañada por Hovland (que en verano se fue a la Bundesliga) hasta que fue sustituido por Toivio. En los laterales, Linnes ha sido la zona más débil pero lo compensaba en la parte ofensiva, donde junto a Per Egil Flo se convertía en un extremo para que sus coetáneos se fuesen para dentro.

En mediocampo, el discurso de Skullerud ha sido diferente tanto en cuanto ha ido prescindiendo del mediocentro puramente defensivo (en verano se fueron Hoseth y Ekpo) para dar cabida a dos medios (Singh-Hussain) de toque que mantuviesen la posesión y con ello, el control del partido el mayor tiempo posible. Y en ataque es dónde dejaba volar la imaginación de una de las plantillas con mayor pegada.

Moi Elyounoussi, con algún altibajo, ha sido de lo mejor de esta Tippeligaen (tal vez sólo superado por Samuelsen), anotando 13 goles desde el costado zurdo. Aunque lo mejor ha sido la explosión del revolucionado Guldbrandsen, que ha adelantado a Sigurdarson que llegó como estrella, como pareja de Chima Chukwu. Todo eso, unido al siempre minusvalorado trabajo de Moström, que ha sido titular indiscutible por las numerosas lesionas de Gatt, consiguió que el Molde únicamente perdiese un partido mientras el título estuvo en juego.

Y junto al tronco principal, el Molde ha seguido con su política de tener a los mejores jóvenes del país, dándole la alternativa a Ole Martin Rindarøy (hermano de Knut Olav), Eirk Hestad o Sander Svensen, además de firmar en verano a Ruben Gabrielsen.

Esta ha sido la plantilla que ha demostrado ser la mejor de Noruega, no sólo por haber dominado la Tippeligaen de cabo a rabo, sino que en Cupen, consiguió vencer en la final al sorprendente Odd hasta dejarlo sin ningún argumento. Algo tan difícil de conseguir como el doblete que seguramente hará recordar en el Aker Stadion, al año 2014 como el mejor de sus vidas.

Hereide dió otro paso más

La extraña marcha de Rikard Norling tras recuperar el cetro nacional fue comprendida solo por una mejora del Brann en el plano económico. Tras de sí, dejó un Malmö campeón con el reto de conseguir entrar en los grupos de Champions League, además de repetir título nacional, algo que no se conseguía desde hacía más de 10 años. La tarea fue encomendada al veterano Age Hereide, con experiencia de sobras en el fútbol nórdico a todos los niveles.
 

Lo primero que se hizo fue reforzar al equipo en vistas a la nueva temporada, la llegada de Markus Rosenberg supuso el regreso de un ídolo, para que acompañase a Molins – el jugador más diferencial en la recta final de 2013- en la faceta anotadora, tras quedarse algo mermada desde la marcha de Tokelo Rantie a Bournemouth. El resto del equipo cambió muy poco, al igual que los resultados, enlazando las victorias de finales del año anterior con las del comienzo de 2014 para situarse en el liderato desde el primer momento. La frescura y velocidad en ataque, seguía perfectamente mezclada con una defensa a punto de romperse en el momento más complicado, a las puertas de las previas de Champions League.

El parón mundialista trajo los primeros contratiempos, dos de las piezas fundamentales que formaban la mejor defensa de Suecia buscaban salir, y tanto la jerarquía de Pontus Jansson como la polivalencia Miiko Albornoz, tomaron rumbo a ligas mayores. La baja de Jansson fue perfectamente suplida con antelación por Erik Johansson que se convirtió en el líder de la zaga sin problemas, mientras que para el lateral se firmó a un perfil similar como Tinnerholm del Atvidabergs, tan ofensivo o más como el internacional chileno.

Con el primer problema solventado quedaba solucionar el más importante. Ya que para desgracia de Hereide, su mejor jugador, Guillermo Molins, había sufrido una rotura de ligamentos. Algo que parecía que rompería una cadencia de partidos sin perder (excepto frente a Häcken). La solución fue la llegada de todos los futbolistas que no llegaron en invierno.

El mediocampo se reforzó con Adu, mediocentro defensivo con más recorrido que Halsti, aunque de características similares (quizás por eso está firmado Oscar Lewicki para 2015), que tras terminar campeón con Nordsjaelland, era parte del sorprendente Stabaek de Bob Bradley. Mientras que en ataque, se eligió acompañar a Rosenberg (desplazando a Eriksson al extremo) por Agon Mehmeti y por un poderoso y joven delantero que parecía estancarse en Nörrkoping, Isaac Kiese Thelin. La explosión que sufrió dejó en una anécdota el regreso de Mehmeti y el chico de 22 años consiguió ser convocado por la sub`21 (jugará el Europeo de este verano) y por la absoluta sueca en apenas tres meses.

Con estas caras nuevas unidas a la verticalidad de Emil Forsberg, el Malmö fue pasando de manera más o menos milagrosa ante Ventspils, Sparta Praga y RedBull Salzburg para colarse en la fase de grupos de la Champions League. Donde han dado la cara en todos los partidos en el Swedbank Stadion e incluso ganaron al Olympiakos. Además de alcanzar el vigésimoprimer titulo liguero para que Di blåe siga como rey absoluto de Suecia.